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Arroz amargo

Archivo:Arroz Amargo.jpg

iEs una compasión ver tanta gente enferma en el pueblo! Agricultores desconsiderados sembraron un arro-zal a muy corta distancia de la población, las au-toridades los han protegido y no hacen caso de las quejas de los vecinos. Hemos tenido que reca-lar con el General que es candidato a goberna-dor. Allá anda una comisión siguiéndolo en su gira para pedirle que nos ayude. A mí me convidaron. Me dijeron: Vamos Valente, para que nos des una canilla. Pero yo tengo enfermos en mi casa y no pude ir. Muchos nunca fuimos escuelantes, pero bien sa-bemos de dónde viene la enfermedad que se lla-ma paludismo y que nos ha atacado por tanto zan-cudo que se ha soltado con la siembra de arroz. Hay mucha inconformidad en el pueblo, y los ve-cinos están indignados contra del encargado de la oficina de Sanidad por haber permitido esa siembra.

Nomás en las casas de una sola calle, en cuatro cuadras que hay de donde vive Goyo Zúñiga al jardín, contamos 56 enfermos. Ayer fuimos a sepultar a Inocencio Luna, que so-lamente duró enfermo tres días. A la hora de la misa eran tristes las palabras del Sr. Cura que decía: 

- Dios misericordioso, que nos guía y allana el camino de nuestra salvación, le concederá el des-canso eterno a su alma. Que el Señor tenga pie-dad y misericordia de nosotros y que en la Provi-dencia Divina encontremos remedio a nuestros males. 

Por todo el pueblo se ha regado la enfermedad, y frente al mostrador de la botica de Carlitos Vir-gen hay hasta tres hileras de gente esperando por alguna medicina o que él, que tiene una bicicleta, vaya a su casa a inyectar a los enfermos. iCarlitos, anda pronto por favor a inyectar a mi hijo que no se le corta el escalofrío y ya no tengo ni que taparle. Vivo en uno de los cuartos de José Moret. 

- Carlitos, dame dos inyecciones de Metoquina. - Carlitos, anda a inyectar a mi papá que no le puedo cortar la calentura. Es de Don Pancho Zamora, al otro lado. - Carlitos, me das dos inyecciones de Atebrina. 

Ayer pasé en la mañana por la botica y vi apilados como treinta cartones de ampolletas de Metoquina, en la entrada de la farmacia. Para en la tarde que volví a pasar por ahí, solamente que-daban dos cartones. 

Hemos visto muchos cuadros dolorosos en estos días, pero hubo uno especialmente impresionan-te: 

Un día en la mañana, yo iba a caballo rumbo a la laguna a tratar unas pasturas y me detuve, por-que en una casita de zacate, que está enfrente del terreno del Padre José María, cerca del pan-teón, vi a una mujer llorando, limpiándose las lá-grimas con el rebozo, junto a una niña. Le pre-gunté qué le pasaba y me contestó que adentro de esa casa, había una niña muerta y toda la fa-milia estaba enferma. Me apié del caballo y entré a la casa. Vi una escena muy triste. Era una casi-ta muy pobre, con cercado de pajarete. En un tapeixte, una señora acostada. En una cama an-cha, tres niños atravesados, súpitos de la calen-tura. En otro tapeixte, un niño delirando del ca-lenturón yen un tendido en el suelo, una niña como (le 14 años, tapada con su rebozo, muerta. Se infiere que la niña era la que hacía el movi-miento de atender a los demás, porque la mamá en su delirio decía: 

- Carmen, Carmen, dame agua. - Carmen, Carmen, mira a los niños.

Y a los nmos solo se les ma nem: 

- Dame agua, dame agua. Seguramente se calcinó con la fiebre tan alta. En el fogón no se veía lumbre y en una canastita que colgaba de un gancho de alambre, un terrón de azúcar y unas rajas de canela. En un rato se apiló la gente. Unas mujeres lleva-ron agua y otras llevaron leña para poner lum-bre. 

Por ahí andaba un ingeniero que se hizo popular en el pueblo por su apodo de "Conejo Prieto". En-tre él y yo fuimos a la funeraria Gallegos a pedir fiada una caja para la niña. De ahí, me fui a la tienda de Antonio Gallegos a comprar café, azúcar, arroz y galletas para que aquellas criaturas comieran algo. Fui a la botica de Carlitos y también pedí fiado unas medicinas para aquella familia. La niña había muerto al parecer, de una forma fulminante de paludismo que le llaman pernicio-sa. Al señor, padre de la niña, se lo habían lleva-do grave a Manzanillo y allá murió al día siguien-

te. 

Quién quita y los vecinos que andan tras el can-didato, consigan ayuda y nos saquen de esta si-tuación.

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