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El origen de la población data desde la época colonial, en que era conocida como La Calera, debido a los enormes yacimientos de cal que existen en el cerro inmediato al poblado, aunque en esa época la congregación importante de la región era Caxitlán, que ya en decadencia, en 1834, todavía concentraba a los habitantes de esa zona.


Al desaparecer Caxitlán, comenzó a tener mayor importancia como rancho Caleras y en 1860, nace como hacienda, al ser adquirida la propiedad por el Sr. Juan Fermín Huarte, quien edificó una imponente construcción de ladrillo, cuyas ruinas todavía persisten, destinada a ingenio azucarero, que nunca llegó a funcionar porque fracasó como tal.


Resulta de interés insertar un fragmento de la crónica que redactó el coronel Mr. Albert E. Evans en el “Tribune” de Nueva York, sobre la visita que hizo a nuestro país en 1869 el Secretario de Estado Norteamericano W. H. Seward. Al referirse a Caleras, lugar donde pernoctaron a su paso de Manzanillo a Colima, dice: “La finca está situada sobre un espacioso valle que atraviesa un riachuelo y una cadena de montañas tan elevadas como las de la costa de California, se levanta poéticamente a su derredor”.


“En el lugar se encuentran numerosas palmas cargadas de frutos, con sus copas meciéndose en el aire graciosamente, formando un conjunto de arquerías semejantes a los jardines de Damasco; en una palabra, todo el valle es un gran jardín. En sus dilatados campos se hallan los vastos sembrados de caña de azúcar, próxima a la cosecha; los de maíz, con un grano tan grande como el de Illinois; los de arroz; los inmensos platanares, cuyos árboles miden de 15 a 20 pies de altura”.


“En esta grande hacienda, la que entre paréntesis es tan extensa como el distrito de Columbia, habitan de 300 a 400 hombres de sangre indígena pura, que trabajan en los campos y en los molinos, por un jornal de tres reales, de los cuales también se alimentan, pues los reciben en carne del expendio de la CASA GRANDE, a donde ocurre la mujer vestida con una enagua de color, sin crinolina, envuelta en un rebozo con el cual se cubre la mitad del rostro, y el pie descalzo. Entre tanto, el hombre lleno de miseria anda volteando calles, fumando su cigarrito; a pocos de éstos les vimos un sarape que se cuelgan de una manera negligente, pero graciosa.”


“Dicha hacienda ha tenido la reputación de muy insalubre, así es que muchos de los que la habitan, representan en su semblante los efectos de una enfermedad maligna.”


“Inmediato a este establecimiento está un molino en construcción para fabricar azúcar, y cuya maquinaria se ve descuidadamente esparcida en todo el rededor del edificio. Este es construido de ladrillo, sobre un mal cimiento, y dentro contiene una gran pila capaz de recibir dos millones de galones de agua.”


“La maquinaria del molino de caña y los aparatos para la destilación, han sido importados de Hamburgo; las máquinas de vapor y los calderos de Inglaterra; y los molinos de arroz, y para aserrar, de Boston y San Francisco. “Su dueño, el señor Huarte, es natural de España, de baja estatura, robusto, de color moreno, de maneras finas, hombre cortés, hospitalario y amante de meterse en empresas de gran magnitud. Su casa principal está en Colima, en donde viven sus hijos, siendo una quinta.”


El ingenio de que se habla no llegó a producir, constituyendo un fracaso y la consiguiente quiebra económica del dinámico Sr. Huarte. Existen dos versiones sobre esa malograda negociación: una en el sentido de que el químico encargado de la elaboración del azúcar, falló dolosamente en complicidad con el dueño del ingenio “Quesería” y la otra causa, la más aceptable por cierto, es que la caña producida en esas tierras, lo que representó indudablemente un problema técnico de difícil solución cuando menos en el primer año, resulta con bajo porcentaje de dulce, en esa fecha.


Cuando en la actualidad se visitan esas ruinas, que el observador presente no les encuentra explicación, emociona ver las profundas cárcavas que rodean a la elevada chimenea y que son abrazadas por numerosas plantas parásitas y ya casi ocultas por la selva.


El Sr. Huarte vendió a Don Luis Brizuela y éste a su vez al Lic. Enrique O. De la Madrid. Durante el tiempo que perteneció a éste último, la propiedad destacó en forma notable por su producción agropecuaria.


Del Lic. Madrid la adquirieron los señores José D., Aguayo, Manuel Rueda Magro y Arturo Larrañaga, quedando finalmente como único propietario el Lic. Aguayo.


Del Lic. Madrid la adquirieron los señores José D. Aguayo, Manuel Rueda Magro y Arturo Larrañaga, quedando finalmente como único propietario el Lic. Aguayo. En ese tiempo, a fines de la década de los años veintes, se construyó el edificio actual de la hacienda, que es una amplia construcción de madera, con casa habitación de dos plantas, oficina, extensas bodegas de madera y teja roja de barro y todas las instalaciones de una gran finca.


El Lic. José D. Aguayo fue licenciado en derecho, Senador de la República por Colima en el tiempo en que el Gral. Alvaro Obregón fue Presidente de la República. Fue un gran orador y amigo del Gral. Plutarco Elías Calles. Fue Jefe del Control Político de la Cámara.


En vida del Lic. Aguayo, existieron en la hacienda una tienda, un molino arrocero, un molino de nixtamal y una agencia de correos. Todavía se recuerda como encargada de la tienda, el correo y otros asuntos relacionados con la hacienda, a la Srita. Soledad Herrera, persona de mucha confianza del Lic. Aguayo.


El administrador de la hacienda era el Sr. Miguel Montes, que suplía al Senador Aguayo y resolvía los asuntos delicados durante sus ausencias. Era encargado de los trabajos de la hacienda el Sr. José Espinosa de Cihuatlán.


El Lic. Aguayo trajo a la hacienda técnicos extranjeros para atender cada uno su especialidad, con el fin de obtener mejores rendimientos en la producción. Hubo dos alemanes, los señores Carlos y Kanop Huber, que se entendían con el funcionamiento de las turbinas para generar energía eléctrica que se utilizaba para accionar el molino arrocero, el molino de nixtamal y la iluminación de la hacienda, aprovechando las viejas instalaciones del fallido ingenio.


También residían en la hacienda dos ciudadanos chinos: Angel Luis e Ignacio Motoh, que cultivaban hortalizas y papayos.


Fueron traídos a la hacienda por el Lic. Aguayo, un grupo de japoneses, para atender las plantaciones de plátano roatán, cuya planta fue trasladada de Papaloapan, centro platanero de Veracruz, en donde en esa época operaban las grandes compañías americanas como United Fruit, Transcontinental, Mexican Fruit, etc.


Los técnicos de nacionalidad japonesa que vivieron en Caleras, fueron: José Hirabayashi, Samuel Nakamura, los hermanos Hamaguchi, Antonio Hando, Luis Yasano, Kanisiro y Fidel Yasutaki. Ellos hicieron plantaciones en los potreros de Los Chinos y de Higuerillas.


Como la calidad de la fruta que se obtenía no alcanzaba la excelencia de la fruta de exportación, pues sólo se producía para consumo nacional, el Lic. Aguayo, a través del Sr. Alejandro Beharley, que trabajaba en las oficinas de la hacienda, contrató en Papaloapan al Sr. David Rodríguez, que falleció hace poco tiempo, para que asesorara a los japoneses en el cultivo del roatán. Don David se dio cuenta que los japoneses dejaban crecer enormemente los macollos, lo que robaba vitalidad a las plantas en conjunto y se comenzaron a desahijar por consejo e intervención suya, lográndose al poco tiempo que la calidad de la fruta mejorara sustancialmente, habiendo en pocos meses, fruta de exportación que era mucho mejor remunerada. La producción nacional se embarcaba en furgones de ferrocarril y se enviaba a Guadalajara para su distribución.


En la década de los años treintas, era muy grande la producción de coco jimado, que era enviado por ferrocarril a Guadalajara. Era notable la producción de la huerta de Las Animas, que daba el coco de mayor tamaño, de mayor rendimiento y de mejor calidad del Valle de Tecomán, sirviendo su semilla para formar otras muchas huertas.


Se cultivaba arroz en el potrero de La Cruz.


La producción agrícola de la hacienda era vendida casi en su totalidad a la Sra. Andrea Cruz, muy importante comerciante de la ciudad de Guadalajara en esa época.


Durante la segunda guerra mundial, por órdenes del gobierno de la República, los japoneses de Caleras fueron concentrados en Guadalajara. Ya finalizada la gran conflagración, el único que regresó a Caleras fue José Hirabayashi, que ahí murió en 1950.


En la década de los años treintas, la propiedad de la hacienda estaba formada por los potreros y huertas denominados: Por el lado Sur oeste Las Animas y Caxitlán. Entre la finca de la hacienda y Madrid, por el lado poniente de la vía del ferrocarril: La Parota y Los Chinos.


Por el lado oriente de la vía de sur a norte: Puente Negro, Higuerillas, La Cruz, La Organera, El Ciruelo, El Casco, La Jitomatera, El Higueral y El Túnel.


Antes de que la hacienda fuera propiedad del Lic. Aguayo, es decir, a principio de siglo, cuando pertenecía al Lic. Enrique O. de la Madrid, además de los terrenos mencionados, formaban parte de ella: El Bajío, Casablanca, San Rafael, Valenzuela, San Antonio y Rancho Nuevo, cercanos a Tecomán.


En 1933 se comenzó a formar el Ejido y se les dio posesión a sus integrantes de las tierras afectadas a la hacienda, en 1935.


La Hacienda de Caleras ha sido estación de bandera del ferrocarril Guadalajara-Manzanillo, desde que éste existe.


Al fallecer el Lic. Aguayo en 1936, siendo sus hijos menores de edad, quedó al frente de la hacienda su viuda la Sra. Ruth Coto de Aguayo, auxiliada por sus hermanos Eduardo y Luis Coto.


El Lic. José D. Aguayo y la Sra. Ruth procrearon a Juan, José, Ma. Del Refugio y Enrique Aguayo Coto.


Fueron los señores Don José y Pon Enrique los que más auxiliaron a Doña Ruth en el manejo de la hacienda en los últimos tiempos.


La Sra. Coto de Aguayo falleció en el mes de marzo de 1986 y recientemente murió Don José, siendo Don Enrique el que actualmente representa la propiedad particular y de sus hermanos.


Como detalle pintoresco relacionado con las tierras de esta hacienda, puede citarse que la Peña de Angulo, eminencia rocosa situada al poniente del río Armería, frente al túnel de Caleras, se conoce con ese nombre, porque en tiempos lejanos sirvió de refugio a un renombrado salteador de caminos, que operaba en las cercanías del río, conocido como "El Chato Angulo".


Es de mencionarse que uno de los pocos vestigios que quedan de lo que fue Caxitlán son los centenarios muros desnudos del Mesón de Caxitlán ubicado en lo que hoy es una huerta de palmas de la Hacienda de Caleras, al sur del poblado.


Debido a la gran importancia histórica que representó Caxitlán por haber sido el lugar en que se fundó la primera Villa de Colima por los conquistadores españoles, el Gobierno del Estado de Colima, representado por el Gobernador Lic. Fernando Moreno Peña adquirió de la familia Aguayo, 6 hectáreas de terreno en el lugar en donde están asentadas las ruinas del Mesón y se edificó una plazuela con un monumento, durante los meses de junio y julio de 1998, con motivo de la conmemoración del 475 Aniversario de la fundación de la Villa de Colima en ese sitio, habiéndose efectuado ahí el día 25 de julio de ese mismo año, una importante ceremonia alusiva a esa celebración.

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