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JOSÉ SALAZAR CÁRDENAS


CONOCIENDO A  JOSÉ SALAZAR CÁRDENAS

Nuestro personaje es de aspecto elegante y buen vestir, enemigo de bromas y lisonjas. Su pelo y bigote cano, su andar cansino y su inseparable bastón delatan una apariencia de persona hosca, pero quienes tenemos la fortuna de conocerlo, sabemos que es una persona sencilla, amable, que sabe escuchar a sus semejantes y disfruta de las charlas por intrascendentes que parezcan. Su preparación profesional hace que de inmediato aflore su vocación de servicio hacia sus semejantes y charlar con él nos permite vislumbrar el Tecomán de ayer, su evolución urbana e industrial. Su lucidez mental nos transporta a épocas no muy lejanas de aparente tranquilidad en la que no faltan los sobresaltos políticos, robos, asesinatos enfermedades y epidemias tan comunes en cualquier centro urbano, pero no adelantemos vísperas y analicemos paso a paso su existencia.


ANTECEDENTES FAMILIARES. 

Nuestro biografiado, colimense de buena madera, nació en Villa de Álvarez el 25 de marzo de 1923, lugar que por azares del destino tuvo que abandonar desde temprana edad. Sus abuelos paternos, villalvarenses de rancia alcurnia fueron: don Francisco Salazar Dueñas y doña Petra López, quienes gozaban de inmejorable situación económica derivada de vastas posesiones de tierras en Villa de Álvarez, el rancho El Naranjo (con rumbo al Tecuán) y de las salinas tecomenses de El Guayabal y El Guazango, mismas que con el correr del tiempo le fueron enajenadas por el gobierno estatal debido a que su abuelo era muy descuidado en el cumplimiento del pago de impuestos y contribuciones, siendo tan fuerte el disgusto de la enajenación: que motivó su muerte en 1926.


MÉDICO JOSÉ SALAZAR CÁRDENAS 

Sus abuelos matemos fueron los jaliscienses: don Francisco Cárdenas y doña Magdalena Delgado, él originario de Pihuamo, Jal. y ella de Tonila, lal., ambos avecindados en Colima desde temprana edad. Nuestro personaje no tuvo la dicha de conocer a su abuelo materno, puesto que había fallecido mucho antes de que él naciera. Sus padres, don José Salazar López originario de Villa de Álvarez y doña María del Rosario Cárdenas originaria de Pihuamo, Jal. avecindada en Villa de Álvarez desde pequeña, contrajeron nupcias en 1915 en el templo parroquial villalvarense de San Francisco de Asís, fijando su residencia en dicha Villa. De este matrimonio se procrearon siete hijos, siendo nuestro biografiado el cuarto de ellos y sus hermanos son: Ana María (fallecida), Zenaido, Roberto, Francisco, Socorro (fallecida siendo muy pequeña) y Ricardo. Después de la muerte de don Francisco Salazar, su padre se desempeñó como administrador de ranchos durante varios años, decidiendo, en 1934, buscar nuevos y mejores horizontes para él y su familia en la ciudad de México donde, por recomendaciones del diputado federal Pablo Silva entró a laborar en el Departamento Central del Distrito Federal. En 1939, la familia regresó a su añorada Villa de Álvarez cuando su padre aceptó la invitación que le hiciera el Gobernador del Estado, general Pedro Torres Ortíz, para que se integrara a su equipo de trabajo, iniciativa que no logró concretar y, entonces, decidió rentar unas tierras y junto con sus hijos trabajarlas, labor que tampoco dio los dividendos económicos deseados, optando por regresar a su antiguo puesto en el Distrito Federal y que sus hijos continuaran ahí los suspendidos estudios. Sobre su vida familiar, diremos que después de radicarse en Tecomán, como lo veremos más adelante, y vivir romántico noviazgo con la señorita María de Jesús Aviña Alcalá, originaría de Aquila, Mich., se unieron sacramentalmente en el templo de La Salud de la ciudad de Colima en 1958; matrimonio prolijo que procreó once hijos, siendo ellos: José, Guillermo, Alfonso, Rafael, María del Rosario, Manuel, Laura, Luis, Rosana, Enrique y Francisco, quienes para su buena fortuna aún viven y forman una armónica familia que junto con los nietos,nueras y yernos alegran los corazones de sus viejos padres, dando vida a los espacios de la amplia casa paterna, ubicada en la calle Independencia No.448, colonia San Isidro de Tecomán, Col. Entre los pasatiempos favoritos de nuestro biografiado, hemos encontrado su pasión por la historia, la literatura y sobre todo la fotografía, siendo esta última la que lo ha llevado a poseer una amplia colección fotográfica de un Tecomán ya desaparecido y fuerza impulsora en el desarrollo de su labor literaria, misma que analizaremos más adelante. 


ESTUDIOS. 

Nuestro personaje cursó sus tres primeros años de educación primaria en la Escuela Morelos de Villa de Álvarez, complementándola en la Escuela Daniel Delgadillo del Distrito Federal. Su instrucción secundaria la realizó en la Escuela Secundaria No.l del Distrito Federal, continuando en esa misma ciudad su preparación media superior en el Bachillerato de Ciencias Biológicas de la UNAM y su preparación profesional en la Facultad de Medicina de la UNAM de donde egresó en 1949. Al concluir sus estudios de medicina, solicitó hacer su Servicio Social en la población de Armería, Col., lugar al que arribó en octubre de 1949 y dejó en marzo de 1950 al aceptar la invitación que le hicieran don Félix Urzúa y su primo Miguel Ahumada Salazar, asesor y miembro de la Mesa Directiva de la Cooperativa de Salineros de Colima, para que se desempeñara como médico de los salineros de Cuyutlán, puesto que desempeñó hasta junio de 1950. Al concluir esta tarea regresó a la ciudad de México para preparar y presentar sus exámenes profesionales, mismos en los que resultó aprobado y, con gran satisfacción de su familia y justo premio a sus desvelos, recibió su título el 31 de agosto de 1950 que lo acredita como Médico Cirujano y Partero.


SU VIDA PROFESIONAL. 

Desde 1948 y, aún sin terminar sus estudios médicos, comenzó a desempeñarse como médico en la Dirección General de Higiene Escolar dependiente de la Secretaría de Educación Pública en el Distrito Federal, hecho que motivó su ingreso, a fines de 1950, al Hospital Infantil del D.F. con la finalidad de lograr un Post-grado en Pediatría mediante los cursos que ahí se impartían, al mismo tiempo que ya como médico titulado laboraba dando consulta externa en algunas clínicas. Debido a que los emolumentos eran bajos y a que él ya había experimentado ganar más dinero como médico de los salineros de Cuyutlán, regresó a tierras colimenses y laboró con los salineros durante la zafra de 1951 (febrero a junio) y dado que en Tecomán sólo había, por ese entonces, sólo tres médicos y él ya conocía mucha gente por vivir aquí su tío Vicente Salazar Núñez con quien pasaba sus periodos vacacionales, decidió decir adiós al Distrito Federal e instalar su consultorio particular, mismo que se localizaba en la calle Medellín No.202.  

En Tecomán, continuó desempeñando su puesto como Médico Escolar dependiente de la Secretaría de Educación Pública hasta su jubilación, ocurrida en diciembre de 1979, e independientemente atendía a pacientes particulares, así como a los trabajadores de la Secretaría de Recursos Hidráulicos y a los de la Comisión Federal de Electricidad, dependencias que pagaban sus servicios mediante una iguala de honorarios por consulta realizada. En enero de 1952, al tomar posesión como Presidente Municipal de Tecomán el mayor Miguel Bracamontes García, quien mostraba especial preocupación por realizar un gobierno de servicio vinculado con la población, creó el Servicio de Urgencias al que llamó Cruz Verde, proponiendo a nuestro joven galeno para que se hiciera cargo de atenderlo como Médico Municipal, nombramiento que no pudo rechazar y al que renunció en 1954 debido al exceso de trabajo que para una sola persona significaba, puesto que por esos tiempos prevalecía, como él mismo lo comenta, gran desorden entre la población y áreas circunvecinas en las que se originaban infinidad de riñas y los heridos se multiplicaban. Además, debía atender a las sexo servidoras, todo tipo de enfermoso picados y mordidos por animales ponzoñosos, entre otros que requerían atención médica a cualquier hora del día o de la noche, todo lo cual no le permitía contar con tiempos de descanso y para atender a su familia, haciendo de paso que desatendiera a los pacientes que acudían a su consultorio particular. Derivado de su desempeño corno Médico Municipal es cuando encontramos su incursión en el campo político tecomense, ya que debido a su popularidad entre la gente del pueblo y su trato diario con funcionarios municipales, hicieron que llegara a ser electo como Regidor del Ayuntamiento en 1955 y Presidente Municipal de Tecomán en 1968, puesto al que solicitó licencia para separarse del cargo cuatro meses más tarde debido a los ataques a que se vio sometido ante la opinión pública, mismos que ponían en entredicho su buena reputación y solvencia moral, acarreándole enemigos políticos gratuitos que, más que beneficiarlo, lo perjudicaban en el desempeño de su noble profesión, cosas de las que no haremos mayores comentarios por no ser este el medio adecuado y no ser ético tratarlos, puesto que no pretendemos calificar o descalificar los hechos políticos o administrativos durante su corta gestión municipal. En 1961, al crearse el puesto periférico del ISSSTE en Tecomán, nuestro personaje fue propuesto para que se hiciera cargo de ese servicio médico para los Trabajadores al Servicio del Estado, el que por carecer de clínica propia, tuvo que atenderlos en su consultorio particular, concurriendo a él los pacientes de las dependencias federales: correos, telégrafos, hacienda, entre otros. En 1976, los trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad fueron incorporados al régimen médico del IMSS y nuestro personaje dejó de atenderlos. En 1973, al estar tomando algunas fotografías en Manzanillo, sufrió aparatosa caída entre las piedras del malecón, accidente que le causó la fractura de la columna vertebral entre otras lesiones, mismo que con el correr de los años le fue afectando sus extremidades inferiores de manera progresiva, que aunado a una artritis reumatoide ha estado atacando sistemáticamente las articulaciones de su cadera y piernas que le impiden continuar su humanitaria labor, al grado que tuvo que cerrar, en octubre de 1996, su consultorio particular localizado desde 1982, en el No.158 de la calle Libertad, pese a los innumerables cuidados y medicamentos administrados para controlar la enfermedad y mitigar las dolencias de su cadera y piernas que le dificultan extremadamente el movimiento y lo han forzado a emplear un bastón y guardar prolongados periodos de reposo total en su cama. Después de cerrar su consultorio, continuó con ciertas restricciones, atendiendo a sus pacientes más allegados en su domicilio particular sito en la calle Independencia No.448, labor que suspendió definitivamente en junio de 2003 al presentarse una insuficiencia renal, ya que sus riñones comenzaron a resentir los estragos del exceso de medicamentos utilizados para mitigar sus múltiples dolencias. 


SUS INQUIETUDES LITERARIAS. 

Sobre el particular, diremos que estas las palpó desde su juventud pero comenzó a desarrollarlas a raíz de su jubilación, ocurrida en diciembre de 1979, fecha en que, libre de las presiones laborales oficiales y con suficiente tiempo disponible, comenzó a escribir sus primeros cuentos, predominantemente del género rural, basados en el cúmulo de fotografías del Tecomán de ayer, sus imperecedero s recuerdos y su natural habilidad en el arte de la redacción, mismos que, a partir de 1984, fue publicando en el suplemento dominical Ágora del Diario de Colima y otros medios de comunicación escrita. Tiempo después, al constatar que en Tecomán se carecía de un Archivo Municipal anterior a 1935 y que por avatares del destino había sido quemado en diferentes épocas, fue cuando comenzó a recabar la información oral que en amenas charlas le proporcionaban los ancianos tecomenses, hecho que le permitió ir formando otro tipo de archivo muy diferente al fotográfico pero donde ambos se complementaban y le permitieron, a partir de 1984, bosquejar la historia de Tecomán que en diversos artículos periodísticos publicaba en los periódicos: Diario de Colima, Ecos de la Costa, revista Histórica de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, A.C., semanario Monitor de Tecomán, semanario Tecomán, semanario Gaceta de Coquimatlán y semanario Candela de Tecomán, lo que más tarde se traduciría en el desarrollo de su obra Así era Tecomán publicada en 1999 bajo los auspicios del Gobierno del Estado, la Universidad de Colima y el Ayuntamiento de Tecomán.

Con anterioridad, abril de 1987, en coautoría con el Pbro. Lic. Florentino Vázquez Lara Centeno, desarrollaron la recopilación histórica sobre los Sacerdotes de Santiago de Tecomán y, en 1989, logró publicar su primer trabajo titulado El Maremoto de Cuyutlán, 1932 con el apoyo de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos en su fascículo No.2 y en el año 2000 hizo realidad su tercera obra Las Grandes Haciendas de Tecomán bajo los auspicios del Fondo Municipal para la Cultura y las Artes de Tecomán. Dentro de la revista Histórica, órgano oficial de difusión de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, A.C., hemos encontrado insertos sus trabajos: Ejemplar No. 1.- Marcos Coparo. Ejemplar No.3.- El Santo Cristo del Tepeguaje. 

Ejemplar No.6.- El convite de los angelitos. Las fiestas de la Candelaria en Tecomán. Fiestas en honor del Señor del Rancho de Villa. Avatares de las fiestas de la Villa de Álvarez. Ejemplar No.7.- El reparto indígena de Ixtlahuacán. 

Ejemplar No.14.- Límites entre los municipios de Tecomán e Ixtlahuacán a través del tiempo. 

Su cuarta y última obra la encontramos en septiembre del año 2003, al ser publicado su libro El habla popular en Colima en la que aglutinó infinidad de vocablos, expresiones, modismos y refranes colimenses que pacientemente había estado recopilando desde 1984 durante el desempeño de su profesión médica y dejando que sus pacientes le describieran con sus propias palabras sus dolencias o le comentaran sobre sus "cuitas" en prolongadas y amenas consultas. 


OTRAS ACTIVIDADES LITERARIAS. 

En 1970, encontramos que obtuvo un merecido primer lugar en el Concurso de Fotografía convocado por la administración de la Feria de Colima y el Gobierno del Estado.

En 1984, obtuvo otro primer lugar en el Concurso del Cuento organizado por el Ayuntamiento de Tecomán y la administración de la Feria de Tecomán. El 20 de septiembre de 1984, participó en el programa Palabra y Obra desarrollado en la Biblioteca Central del Estado, Profra Rafaela Suárez, con la lectura de cuentos y relatos. Mismo que repitió en el salón del Cabildo tecomense el 10 de diciembre de este mismo año. 

El 18 de octubre de 1987, participó en el programa Vida y Comunidad celebrado en el jardín Miguel Hidalgo de Tecomán con cuentos, mitos y leyendas. De noviembre a diciembre de 1987, expuso en la Casa de la Cultura de Colima su muestra fotográfica Colima en Imágenes. En enero de 1988, montó una Muestra fotográfica en el Consorcio Minero Peña Colorada de Minatitlán, misma que repitió en febrero de este mismo año en la Presidencia Municipal de Villa de Álvarez y posteriormente en el stand cultural montado por el Ayuntamiento en la feria de Tecomán. El 25 de julio de 1988, participó junto con los integrantes de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos en los festejos del 465 aniversario de la fundación de la primitiva Villa de Colima desarrollados en Tecomán. Los días 28 y 29 de octubre de 1988, participó en el programa Vida y Comunidad presentándose en el jardín principal de Madrid, Col. con su trabajo Las Haciendas y el segundo día con la Fundación de la primera Villa de Colima en Caxitlan. 

En abril de 1992, expuso su Muestra Fotográfica en la galería Atenía de la ciudad de México bajo los auspicios del Gobierno de Colima y, en octubre de 1994 y enero de 1996, la montó en las ferias de Colima y Tecomán respectivamente. 


LOS FRUTOS DE SUS DESVELOS. 

Dentro de su profesión médica, hemos encontrado que de 1976 a 1988, fungió como presidente de la Sociedad Médica de Tecomán y que, desde 1995 y hasta la fecha, es presidente honorario del Colegio Médico del Valle de Tecomán. 

En el entorno literario, encontramos que es socio fundador y de número (No. 13) de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, A.C., socio fundador de la Asociación de Cronistas de Pueblos y Ciudades del Estado de Colima y, desde 1996, miembro de la Asociación Colimense de Periodistas y Escritores, A.C. 

Los premios y distinciones no se han hecho esperar y, de entre estos se encuentran: 

Diploma concedido por la Secretaría de Educación Pública en 1978 por treinta años de servicio. 

Reconocimiento del semanario Monitor de Tecomán entregado en ceremonia especial el 17 de noviembre de 1989. Diplomas del Instituto Autónomo de Educación de Tecomán, A.C. por su participación en una serie de programas radiofónicos Enlace Cultural, en abril de 1990 y febrero de 1992. Reconocimiento de la estación de radio XETY por su participación semanal en el programa Hablando de con don Pepe, mismo que se difundió durante veinte semanas en 1992, con temas alusivos a la historia de Tecomán y costumbres regionales Reconocimiento otorgado por el Cabildo tecomense el 26 de enero de 2002, por sus aportaciones a la historia de Tecomán. 

De todo lo anteriormente citado, lo de mayor significado para nuestro personaje será, sin duda: la ceremonia especial desarrollada en la Presidencia Municipal de Tecomán el 14 de febrero de 1988, en la que el Ayuntamiento le otorgó la distinción y pergamino que lo acredita como Ciudadano Distinguido de Tecomán, o bien, la Sesión Solemne del Cabildo cuando el 23 de noviembre de 1994 lo designó como Cronista de Tecomán (sustituyendo al recientemente fallecido Profr. Juan Oseguera Velázquez), nombramiento que el primero de julio de 2001, le fue ratificado.

Sumaremos a esto lo ocurrido el 28 de abril de 2004, en que, en sencil 1 a pero emotiva ceremonia, presidida por el Profr. Carlos Flores Dueñas, Secretario de Educación del Estado; el Presidente Municipal de Tecomán, Elías Martínez Delgadillo, y varios de sus hijos (que llevaron su representación debido a encontrarse postrado por su enfermedad), se impuso su nombre a un jardín de niños localizado en la colonia Luis Donaldo Colosio. 

De igual forma enumeraremos el homenaje de que fue objeto por parte de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado, en el que recibió, de manos del Lic. Salvador Silva Padilla, Director de Artes y Humanidades en representación del Gobierno del Estado un merecido reconocimiento por sus aportaciones a la historia y cultura regional. Acto desarrollado el 22 de mayo de 2003, en la Biblioteca Central Profra. Rafaela Suárez de la capital colimense. 


TESTIGO DEL AUGE AGRÍCOLA DE TECOMÁN. 

Nos refiere nuestro personaje que cuando llegó a Tecomán, este era un pueblo totalmente diferente a la actual ciudad. Las construcciones eran rústicas, las calles sin empedrar, y mucho menos pavimentadas; con poca población y enormes necesidades laborales y económicas. A su llegada, iniciaba su periodo gubernamental el general Jesús González Lugo, quien fue el verdadero impulsor del despegue económico de la región, siendo en 1952 cuando se dio el auge del algodón. En 1951 se hizo una siembra experimental de algodón promovida por inversionistas locales que habían trabajado con don Antonio Anaya, cultivador e industrial algodonero en la región de la Laguna en Torreón, Coahuila con gran éxito, arrojando la cosecha resultados óptimos. La siembra se hizo en el temporal de lluvias por carecer Tecomán, en ese entonces, de sistemas de riego y la cosecha se desarrolló entre diciembre y enero. Motivados por el éxito obtenido, comenzaron a desmontarse miles de hectáreas de tierras improductivas, mismas que para el ciclo 1952/1953 se utilizaron en las nuevas siembras de algodón, hecho que motivó traer de la región de la Laguna a miles de hombres que conocían el cultivo y la pizca del algodón, incrementándose rápidamente la población de Tecomán (entre dos y tres mil trabajadores con sus respectivas familias). La cosecha de este ciclo fue otro éxito económico, que aunado al incremento poblacional, hizo que el mayor Miguel Bracamontes, Presidente Municipal de Tecomán, promoviera ante el Congreso del Estado el que se diera a Tecomán la categoría de ciudad, hecho que se concretó el 26 de enero de 1952, año en que también logró organizar la primera feria local y se comenzó a desarrollar una gran afluencia comercial. Como el cultivo del algodón demandaba fumigaciones especializadas, se instalaron en Tecomán numerosas empresas fumigadoras, mismas que traían sus propias avionetas y personal, que junto con las empresas expendedoras de fumigantes, insecticidas y abonos, hicieron que llegaran a la ciudad otras sucursales bancarias (antes sólo estaba la del Banco de Colima) y el coronel Otero Pablos junto con otros inversionistas fundaron el Banco de Tecomán, siendo verdaderamente asombroso el despegue económico de la región. Sueño efimero debido a que en 1953, año demasiado seco, multiplicó las plagas propias del algodón y asustó a los inversionistas y al gobierno estatal, quienes contrataron los servicios de empresas especializadas en bombardear con productos químicos la nubes para provocar la lluvia, pero ni así llovió en ese año y se perdió gran parte de la cosecha. En 1954 se hicieron muy pocas siembras de algodón, pues resultaban muy costosas las continuas fumigaciones, los gastos de siembra y los riesgos de levantar buenas cosechas, desapareciendo definitivamente en 1955. Estos dos años fueron realmente críticos para el campo tecomense, mismos que se fueron atenuando mediante la creación de los canales de Amela, sistema de riego que propició un nuevo tipo de cultivo en el valle: los palmares, el plátano y el limón.


EL DENGUE. 

En 1982, hizo su aparición en la costa colimense una nueva enfermedad procedente de Centroamérica llamada Dengue que rápidamente se propagó siguiendo las costas del Océano Pacífico: Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Colima, enfermedad que alcanzó en este año las características de epidemia en la región de Tecomán, siendo nuestro biografiado el primer médico en detectarlo y dar la voz de alarma ante las autoridades sanitarias y gubernamentales. Aún cuando él ya se encontraba jubilado en ese tiempo, continuaba ejerciendo su profesión en su consultorio particular, siendo ahí donde le llamó la atención la infinidad de pacientes que presentaban el mismo cuadro clínico y altas fiebres que lo motivaron a investigar las causas que lo provocaban y que estaba desquiciando a la población escolar y las áreas productivas, industriales, deportivas y administrativas de Tecomán, ante la indiferencia de las autoridades de salud. 

En su calidad de presidente de la Sociedad Médica de Tecomán, recurrió al jefe responsable del Instituto que estudiaba los insectos de México (instalado a un lado de la Unidad Deportiva) para ver si ellos sabían algo al respecto, pero los resultados fueron negativos. Redactó entonces una extensa carta para el director del Diario de Colima donde exponía sus observaciones sobre la enfermedad que ya mantenía en cama a poco más de la mitad de los habitantes de Tecomán sin respetar sexo, edad y clase social y que ya había agotado en todas las farmacias los medicamentos contra la fiebre, calculándose en poco más de 30,000 las personas afectadas. El siguiente paso fue convocar a los integrantes de la Sociedad Médica y al Presidente Municipal de Tecomán, Elías Lozano Merino, quienes estuvieron de acuerdo en citar a una reunión general a la asistieron todos los representantes de los sectores administrativos y educativos, así como el Dr. Enrique Eguiarte Pérez, Jefe de los Servicios Coordinados de Salud Pública y, en dicha asamblea expuso la gravedad de la epidemia. El resultado no pudo ser más satisfactorio para nuestro personaje, ya que de inmediato se emprendieron las acciones tendientes a combatir el mosco causante de la enfermedad y la epidemia pudo controlarse.

Esto, por supuesto, no es el fin de nuestra historia ya que nuestro biografiado aún vive y, aunque con sus correspondientes limitaciones físicas, sigue aportándonos sus conocimientos que lo califican como un baluarte de la historia de Colima para bien de las actuales y futuras generaciones colimenses.

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