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Lo que hoy es conocido como poblado o Estación Madrid, antes llevó el nombre de El Rosario. Las primeras noticias que se encuentran de ese agrupamiento humano datan de 1834 y provienen del “PADRÓN DE LA FELIGRESIA DEL PUEBLO DE SANTIAGO DE TECOMÁN, CONGREGACIÓN Y DEMÁS RANCHOS QUE COMPRENDEN SU JURISDICCIÓN CON EXPRESIÓN DE ESTADOS Y EDADES” en que aparece con la categoría de rancho con 29 habitantes. Esa misma fuente de información nos dice que en ese año, el rancho de Guaracha, cercano a El Rosario, tenía 59 habitantes.

En 1860, Don Encarnación Osorio construye en El Rosario una finca de grandes dimensiones, en cuadro, con corredores interiores y exteriores, de madera y teja de barreo, llamándose desde entonces, Hacienda del Rosario. Durante un tiempo, ésta y otras pertenencias las tuvo en copropiedad con Don Francisco Santa Cruz, dedicándola a la explotación agropecuaria.

En febrero de 1876, el Pbro. Vicente Pinto, de grata memoria, por quien el pueblo de Tecomán sintió verdadera veneración por la atmósfera de santo que lo rodeó, coloca la primera piedra y bendice el inicio de la capilla de la hacienda que llevó el nombre de la Virgen del Rosario. Asimismo, el rancho de Guaracha, perteneciente a la misma propiedad, adquiere categoría de hacienda y en ella el Padre Pinto funda una escuela de niñas en 1875.

La Hacienda de Guaracha estaba situada a 4 kilómetros al sur de El Rosario, en el lado oriente de la vía del ferrocarril.

En 1879, el Pbro. Eugenio Ocaranza termina y bendice la Capilla de la Virgen del Rosario.

En los últimos años del siglo pasado, el Lic. Don Enrique O. De la Madrid adquiere las propiedades de Don Encarnación Osorio y a la finca de la hacienda se le adiciona una sección de planta alta.

En 1902, el Lic. Madrid toma posesión como Gobernador de Colima al fallecer Don Francisco Santa Cruz y desde esa fecha hasta cuando abandonó el poder, vivió sus mejores tiempos la Hacienda del Rosario.

El Lic. Madrid realizó en 1906, la primera plantación de plátano roatán en el Estado, con cabezas procedentes de Tabasco, por un obsequio que de esa planta le hizo el General Porfirio Díaz, Presidente de la República. Esa siembra se llevó a cabo en terrenos cercanos al río Armería.

El día 12 de diciembre de 1908 se inauguró el ferrocarril de vía ancha de Colima a Manzanillo, que pasó a 1200 metros del casco de la hacienda la cual estaba situada a 800 metros al oriente de lo que hoy es el jardín del poblado de Madrid. A partir de la fecha de inauguración del ferrocarril por el Presidente Díaz, se le puso al lugar el nombre de Estación Madrid en honor de su propietario y en ese tiempo, Gobernador de Colima.

En 1909, Don Enrique O. De la Madrid construyó un acueducto de 5 kilómetros para traer el vital líquido de un manantial del Cerro del Aguacate hasta la hacienda.

Fuera de la hacienda, en una plaza existió una gran pila redonda como de 4 metros de diámetro y 70 cms. De profundidad, a donde los habitantes de la ranchería acudían a proveerse de agua para uso doméstico y que actualmente todavía permanece casi intacta.

También en ese tiempo se incrementaron las plantaciones de coco en los terrenos aledaños al río Armería y en tierras de la hacienda de Guaracha, aprovechando el agua proveniente de los manantiales que llevan el mismo nombre, situados junto a la vía del ferrocarril entre El Rosario y la Hacienda de Guaracha, y que fue utilizada construyendo una represa de mampostería y un sistema de canales que aún existen en uso.

En esas fechas, prosperó la ganadería en la hacienda, ya que se considera que existían 10,000 cabezas de ganado vacuno y 1,000 de caballar.

Tuvieron auge las siembras de caña, maíz, frijol y arroz. Se instaló en esa época un molino para majar arroz, que fue fuente de empleo para muchos trabajadores procedentes de otros lugares en tiempo de cosecha, a quienes se daba albergue dentro de la propia hacienda. En la planta alta de la finca se colgó un riel que se golpeaba con un marro en el toque que se daba a las 8 de la noche y que le llamaban “la queda”. Era para llamar a los trabajadores que se encontraban fuera de la casa para que se recogieran a dormir, pues el zaguán se cerraba a esa hora.

Alrededor de la finca se encontraban diez o doce casitas de zacate de los trabajadores de planta de la hacienda.

En una esquina de la construcción estaba una tienda de comestibles propiedad de la hacienda y por fuera de ella, en el corredor cercano, había bancas de madera.

Como existía abundancia de agua en los terrenos aledaños al poniente de la hacienda por las zanjas de riego que se traían del río Armería, era un azote el paludismo, al que el temían los trabajadores de la zona benigna de Colima, que no aceptaban venir a esa región insalubre, siendo esa la razón por la que se empleaban trabajadores del vecino Estado de Jalisco. Las cosechas de arroz eran muy copiosas.

Siendo los solocoáhuiles árboles muy abundantes en ese lugar, que florecen en el comienzo del otoño, coincidiendo con el final del temporal de lluvias, época en la que tradicionalmente se exacerbaba la aparición del paludismo, la población atribuía la presentación de enfermedades a la caída de las flores de ese árbol al marchitarse. Los pobladores le atribuían a ese hecho influencia maligna sobre la salud.

Entre 1900 y 1910, la propiedad del Lic. Madrid se agrupaba con el nombre de Montecristo. Abarcaba 25,000 hectáreas, de las cuales cerca de 5,000 eran irrigadas por el río Armería.

Por la caída de Porfirio Díaz y el triunfo de la Revolución Maderista, el Lic. Madrid se vio obligado a dejar el poder del Estado en 1911, pero siguió conservando su inmensa propiedad que en 1917, según un plano levantado por el Ing. Enrique Le Harivel de Guadalajara, comprendía: Hacienda del Rosario, Hacienda de Guaracha, Hacienda de Jicotán, Hacienda de Caleras, Llano Grande y Tacáhua, con las siguientes superficies:

Hacienda de El Rosario:

2,129

Hectáreas

Hacienda de Guaracha

2,113

Hectáreas

Hacienda de Caleras

3,968

Hectáreas

Hacienda de Jicotán

4,449

Hectáreas

Terrenos de Llano Grande y Tacáhua

2,084

Hectáreas

Las colindancias de la propiedad en conjunto eran: Por el norte: con la Hacienda de Coastecomatán y terrenos de la Hacienda de Jala.

Al oriente con terrenos del Alcomún y de la Hacienda de Tecolapa.

Al poniente: con terrenos de La Fundición y Coatán de la Hacienda de Paso del Río.

Al sur: Terrenos de Martín Alonso de la Hacienda de Paso del Río y tierras de Tecomán.

Un hecho histórico ajeno a la Hacienda del Rosario, pero que aconteció dentro de sus límites, fue éste:

El día 12 de octubre de 1917, los contingentes insurrectos afiliados al Villismo después de la Convención de Aguascalientes, al mando del cabecilla Pedro Zamora, que tenían su centro de operaciones en el Sur de Jalisco y merodeaban en los terrenos aledaños a los volcanes, incursionaron en el Estado de Colima y asaltaron en la Estación Madrid el tren de pasajeros que procedente de Guadalajara, se dirigía a Manzanillo.

Al obligar a la tripulación del convoy que detuviera su marcha mediante obstáculos en la vía, se originó un enfrentamiento entre los salteadores, la escolta que lo custodiaba y algunos civiles armados que viajaban en el tren, que repelieron el ataque. En razón de la aplastante diferencia entre el número de bandoleros y los armados del tren, fue sometida la resistencia y aniquilada la escolta. Una vez que la lucha cesó, se ordenó que el pasaje descendiera y los facinerosos se apostaron al pie de los estribos de los vagones obligando a los viajeros a que se despojaran de sus pertenencias de valor como relojes, anillos, aretes, pulseras y dinero y las entregaran. Al pasajero que hacía entrega de sus objetos de valor, se le respetaba la vida, pero el que se negaba a hacerlo, era ejecutado de inmediato.

Entre los muchos pasajeros que fueron asesinados, se contaron los señores Carlos Brizuela, hombre muy valiente que murió luchando con el arma de un soldado caído en la balacera y Juan Mantellero, que en esa época fungía como Administrador de la Hacienda de Paso del Río, en representación de su propietario, el Dr. Alberto Oshner que residía en los Estados Unidos. El Sr. Mantellero fue muerto porque se negó a entregar dos bolsas de dinero que conducía para la raya de la hacienda, aduciendo que no eran de su propiedad.

En seguida de dar término al pillaje, los forajidos incendiaron el tren y cargaron con las mujeres que quisieron y pudieron, yéndose a pasar la noche a la Hacienda de El Banco de Jicotán, donde en medio de una gran orgía, según uno de los participantes, festejaron el golpe. Pronto se retiraron del Estado.

En los últimos tiempos de la Hacienda de El Rosario, fue administrador durante muchos años el Sr. Martín Núñez y a pesar de la agitación de la época revolucionaria y después por la guerra cristera, siempre fue un lugar eminentemente productor.

A fines de la década de los años veintes, ante la inminencia del surgimiento de los ejidos, Enrique O. de la Madrid vendió la Hacienda de Caleras a los Sres. Lic. José D. Aguayo, Manuel Rueda Magro y Arturo Larrañaga. La Hacienda de El Banco de Jicotán fue vendida a Don Manuel Uribe Valencia, El Rosario y Guaracha a Don Alberto Lepe. Como último heredero del Lic. De la Madrid, quedó su hijo Alfonso De la Madrid Castro, en posesión de las tierras de Llano Grande y Tacáhua, después de que se formó el Ejido de El Rosario en 1931. Esos terrenos los adquirieron los señores Leopoldo, Severiano y Manuel Caraballo.

Las playas del río, último reducto de la propiedad, fueron adquiridas por algunos ejidatarios y particulares.

Fueron habitantes antiguos de la Hacienda de El Rosario, cuando era propiedad del Lic. De la Madrid: Don Martín Núñez y familia, Administrador; Feliciano Angulo, José Godínez, Eustasia Galván, Ernesto Mendoza, Juan y Angel Oriz González.

Entre 1930 y 1941 Don Esteban M. León, propietario de la Hacienda de Coastecomatán, sacaba sus productos agrícolas y los embarcaba en la Estación Madrid, en donde tenía una bodega contigua a ésta. Don Manuel Uribe Valencia, propietario del Banco de Jicotán, acarreaba copra y limón en bestias de carga hasta la misma Estación, donde esos productos eran enviados en furgones a distintos lugares de la República.

Antes de que hubiera el ferrocarril de vía ancha inaugurado en 1908, existía el de vía angosta con un trazo ligeramente diferente. Todavía perduran las ruinas de la estación de ese ferrocarril, ubicadas aproximadamente a dos kilómetros al norte de la Estación actual de Madrid, al lado poniente y como a 50 metros de la vía. Aún están en pie gruesos muros de mampostería, grandes cimientos y una colosal noria ademada también de mampostería, como de 5 metros de diámetro y gran profundidad.

En cuanto a la Hacienda de El rosario, casi desapareció por completo. Sólo quedan vestigios del acueducto, un muro que sirve a una vivienda improvisada por los colonos actuales, un empedrado de un corredor junto a ese muro, grandes tramos de cimientos y una gran pila circular que estuvo situada en la plaza, fuera de la hacienda, que actualmente se conserva en muy buen estado, dentro de un lote convertido en limonera y que pertenece a un colono de los beneficiados con la urbanización de esos terrenos que se llevó a cabo los años de 1966 y 1967.

Tradicionalmente se efectuaban grandes fiestas patronales en la hacienda en honor de la Virgen del Rosario el día 7 de octubre, costumbre que han conservado los habitantes del poblado de Madrid actual.

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