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En Tecomán, desde que sucedió la reyerta que narra ese canto del pueblo, ha sido muy conocido El Corrido de Cerro de Ortega.

Sus versos, de autor anónimo, han sido cantados desde hace más de cincuenta años por mariachis y cantores vernáculos, así como por destacados ciudadanos originarios del lugar de los hechos o de la región que teniendo aptitudes para el canto, le han hecho amplia divulgación en los ámbitos de festejos familiares y círculos de amigos.

Hace aproximadamente 20 años, el cantante de renombre nacional José Luis Gazcón, acompañado del grupo musical La Tropa Chicana, grabó en un disco LP ese corrido, que se popularizó en todo el estado y ha tenido considerable difusión en el país.

En esa melodía se relatan detalles de una riña que tuvo como escenario el pintoresco poblado costeño, el día 19 de marzo de 1933.

Para mejor comprensión de lo que refiere el corrido, daremos algunos pormenores, haciendo la aclaración de que lo narrado en ese canto, no se apega estrictamente a la verdad, ya que hay variantes entre el hecho real contado por testigos presenciales y lo que ahí se describe, tal vez por necesidades de tipo musical o de composición.

En la fecha que señalamos, cuando aconteció la tragedia, se festejaba al señor San José que ha sido Santo Patrono de Coahuayana en todos los tiempos, pero debido a que durante la Rebelión Cristera fue quemado el templo de ese lugar, el Párroco en aquel entonces Don Abraham Rodríguez, convino con las autoridades eclesiásticas que en esos años posteriores a la insurrección, mientras se reconstruía el templo, se permitiera realizar esa celebración en la capilla de Cerro de Ortega. Esa es la razón por la que se llevaba a cabo la fiesta religiosa el 19 de marzo.

El Santo Patrono de Cerro de Ortega, ha sido desde siempre, San Francisco de Asís y los festejos en su honor se efectúan desde la fundación del pueblo, en un novenario que culmina el 4 de octubre.

En los tiempos de que hablamos, existía una capilla de horcones y zacate, siendo en esa época el patriarca de la ranchería Don Juan Ortega, quién había hecho los arreglos necesarios para que el Sr. Cura Arreguín, Párroco de Tecomán, hiciera la fiesta año con año.

Ha sido costumbre nacional heredada de la dominación española, que durante las festividades religiosas, tengan lugar en forma simultánea fiestas profanas, sin faltar los eventos taurinos. Así era como en esos tiempos, al igual que ahora, se celebraban jaripeos en los que participaban y acudían los habitantes de la región.

En el año en que ocurrieron los sucesos que más adelante relataremos, tenía poco tiempo de haberse establecido en Cerro de Ortega el Coronel Jesús Otero Pablos, que llegó a ser vecino prominente de ese poblado. Se había nombrado Jefe de la Defensa de Rurales a Nicolás Martel, que antes había ocupado igual cargo en Tecomán.

Para la fiesta de 1933, se habían instalado unos cuantos puestos callejeros y frente a la casa del Coronel estaban las caneleras, cuyos enseres eran una mesa, un brasero y unas ollas, así como una banca rústica de madera que servía de asiento a los clientes.

Los nombres de los protagonistas de la riña fueron: Francisco Dávalos y Carmen López.

Don Francisco era un hombre que por mucho tiempo vivió en una propiedad que tenía, situada entre la población de Cerro de Ortega y el río Coahuayana, llamada Rancho El Tamarindo, que estaba ubicado al oriente de donde es hoy el entronque de la carretera de Boca de Apiza, en su lado perteneciente a Colima, con la carretera de Cerro de Ortega a Coahuayana, donde había en esa época unos palos de agua. De allí se trasladó a vivir a Tecomán, pero seguía conservando su rancho y viajaba a Cerro de Ortega con frecuencia. Era un hombre con arraigo, servicial, fiestero, alegre, bebedor y muy de a caballo.

El otro personaje del drama, Carmen López, era un hombre desarrapado, originario, según se decía, del rancho El Jazmín, por el rumbo de los volcanes, que con su mujer y su cuñada, formaban un grupo nómada errante, que corrían la legua tras de las fiestas religiosas de los pueblos, donde la mujeres atendían un puesto de canela y Carmen transportaba los enseres en dos burros, que eran sus únicos bienes.

Descrito el ambiente en que se desarrollaron los hechos, pasamos a la narración de lo sucedido:

Como ya dejamos apuntado, era el día 19 de marzo de 1933. Se había efectuado el jaripeo o “toreada”, como siempre ha sido llamado en el lenguaje ranchero, en el que había tomado parte Don Francisco Dávalos, que traía un caballo bailador de bonita estampa. Al salir de la toreada, ya oscureciendo, los jinetes se dirigieron a los puestos de canela y allí Don Pancho estaba acompañado de Don Carlos Solís, Don Rómulo Mora, Don Juan Ochoa y Don José Puga, estando también en el grupo sus hijos Francisco y Reynaldo.

Don Francisco, prolongando la euforia que había derrochado toda la tarde, siguió bailando su caballo y hubo un momento en que se retiró del grupo, que los acompañantes interpretaron como que se alejaba porque iba a desahogar alguna necesidad corporal. Carmen López estaba junto a un pozo de agua cercano, al parecer con la intención de sacar agua. Llevaba puesto un pequeño y raído gabán., ya que el ambiente estaba un poco frío. Al aproximarse al lugar Don Pancho ignoraba que Carmen estuviera allí, ya que estaba casi oscuro. Carmen dejó por un lado del pozo el balde con la soga y fue a encontrarlo, sin hablarle, tomó por las riendas al caballo y con rapidez sacó debajo del gabán una pistola y le hizo por sorpresa un disparo. La pistola “chasqueó” y tronó solamente un tiro que acertó en el pecho de Don Pancho. Al ver eso, soltó las tiendas del caballo, aventó la pistola y corrió. Don Francisco, herido, lo siguió en el caballo, le dio alcance, lo tomó del gabán, lo volteó y le hizo cinco disparos que dieron todos en el blanco, uno de ellos pegó en la hebilla del cinto. Al verlo caer, jaló la rienda y se vino con el gabán en la mano izquierda hasta donde estaban sus acompañantes. Al llegar al grupo, en donde estaban sus hijos les dijo:

¡Hijos, me mataron, pero se me hace que emparejé!

Al verlo empapado en sangre, Reynaldo su hijo corrió con la pistola en la mano hacia donde permanecía caído Carmen. Nicolás Martel, que estaba cerca de ahí, lo alcanzó y le dijo:

¡No le tires, no te comprometas, está muerto!

Bajaron a Don Pancho del caballo. Tenía puesta una chaqueta de cuero y en la bolsa izquierda superior, traía un puro. El tiro despedazó el puro y penetró en sus carnes. Lo acostaron ya agonizante y en unos minutos se acabó su vida.

Después se supieron muchos detalles hasta ese momento desconocidos. Don Francisco y Carmen López nunca habían tenido ninguna palabra, ninguna desavenencia. No había rivalidad conocida. Lo que sucedió fue lo siguiente:

Don Pancho en ese tiempo ya había enviudado y vivía con sus hijos en Tecomán. La mujer de Carmen López tenía una hermana joven a la que aquél le había hablado de amores. Nicolás Martel tuvo una dificultad con Don Pancho al parecer porque los dos pretendían a la misma mujer y a pesar de ser Martel un hombre fogueado, “le alzaba pelo” a Don Francisco. Hubo la oportunidad que esperaba y azuzó a Carmen diciéndole que Don Pancho andaba tras de su mujer. Carmen como hemos dicho, era un hombre sin ningunas pertenencias que no podía contar con un arma. Hubo otras manos que pusieron en las suyas una pistola y él comenzó a odiar a Don Francisco sin que éste lo supiera. Esperó la oportunidad y estuvo espiando el momento indicado.

El vulgo decía después de las muertes, que Nicolás Martel pensó:

“Si éste mata a Don Pancho, me quito esa lagaña del ojo”.

Como se ve, hay algunas discrepancias de lo que relata el corrido con lo que contaron testigos presenciales.

La muerte de Don Francisco fue muy sentida porque era muy apreciado por todos. Carmen López era un Don nadie, casi un desconocido en el poblado, que se dejó manejar por opiniones ajenas y aprovechado de la ocasión.

A continuación se transcriben los versos originales del corrido, que también difieren ligeramente de la letra de la melodía grabada en disco.

Corrido del Cerro de Ortega

(Autor anónimo)

Voy a cantar un corrido

del rancho Cerro de Ortega

Donde se mueren los hombres

con un valor de primera.

Carmen corrió a defenderse

como ya se iba muriendo

Martel iba a la derecha

era el que lo iba siguiendo.


Era un día 20 de marzo

una desgracia ha pasado

que unos hombres de su brazo

ellos los dos se mataron.


Lo vieron lleno de sangre

por eso no le tiraron

le llegaron a las manos

la pistola le quitaron.


En una plaza de toros

ellos andaban toreando

sin saber que ya la hora

se les estaba llegando.


Don Pancho muere en su casa

de sus dolientes rodeado

Carmen murió en la calle

en su sangre revolcado.


Salieron de la toreada

se vienen con el fandango

a divertirse otro rato

con sus caballos bailando.


El coronel disgustado

desde el alto les gritó

desarmen toda la gente

no me dejen ni un armado.


Llegaron a las cantinas

ahí fue donde se juntaron

ahí estuvo la desgracia

que los dos se hayan matado.


El jefe de la defensa

se va por entre la bola

quitando las carabinas

y recogiendo pistolas.


Don Pancho se le arrimaba

Carmen se le retiraba

en su caballo montado

que ya mero lo pisaba.


Cuando los dos se murieron

Martel dijo la verdad

en la forma de estas muertes

no queda rivalidad.


Carmen le dice a Don Pancho

queriéndolo asesinar

yo le golpeo su caballo

si usted me vuelve a pisar.


Toda la gente decía

ningún consuelo nos place

que hayan matado a Don Pancho


tanta falta que nos hace.


Don Pancho le contestó

como era hombre de su brazo

si tantas ganas te cargas

nos daremos de balazos.


Ya se acabaron los gallos

se acabaron los azotes

en la toreada del Cerro

Dávalos y Carmen López.


Carmen sacó su pistola

y para un lado se abrió

Don Pancho se puso a muerte

con un tiro que le dio.


Vuela vuela palomita

a Tecomán de un volido

avísale a la familia

que Don Pancho está tendido.


Don Pancho con mucho aguante

del sarape lo agarró

con su pistola en la mano

cinco balazos le dio.


Ya con ésta me despido

por las cumbres de una higuera

aquí se acaba el corrido

del rancho Cerro de Ortega.

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