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En tiempos pasados, se inculcaba con insistencia a los ciudadanos, desde niños en las escuelas, el respeto a los símbolos patrios y en sus casas, por sus padres, se les infundía el amor puro y sin mancha hacia la patria.

La población en general demostraba su fervor patrio en los días dedicados para ello y con entusiasmo participaba en elocuentes demostraciones de solidaridad cívica.

Todos los habitantes desenzacataban y limpiaban el frente de sus casas, se pintaban las fachadas y se trataba de ofrecer el mejor aspecto de las construcciones.

Los días 15 y 16 de Septiembre, se adornaba el exterior de las viviendas con palapas, banderas de papel de China con los colores patrios, lazos tricolores del mismo material y faroles chinos.

  • Adornos patrios en el exterior de las casas

Se hacía visible la admiración apasionada de la población y se percibían los deseos de contribuir al engrandecimiento de la celebración.

En la época anterior a la Revolución, se hacía una enramada grande enfrente del edificio de la presidencia municipal, en donde se desarrollaban todos los actos oficiales.

La noche del día 15 se efectuaba la ceremonia del grito en un estrado que se levantaba dentro de esa gran enramada.

Existía en Tecomán una orquesta que tocaba por la noche, antes de dicha ceremonia, desbordándose la alegría después de ser vitoreados por las autoridades, los héroes de la patria.

El acto solemne de izar y arriar la bandera, se llevaba a cabo con veneración y respeto, incluyendo la celebración de diversos eventos que tenían lugar el día 16.

Las festividades patrias del año de 1910, año del Centenario de la Independencia, tuvieron especial relevancia y esplendor. En ese año, se instalaron dos altares en la población dedicados a la patria. Uno de ellos en las afueras de la presidencia municipal y otro en el exterior del curato. En cada altar, que estaba profusamente adornado e iluminado por velas y veladoras, se colocó una gran pintura con el busto del Padre de la Patria, el cura Miguel Hidalgo y Costilla, y cada uno de ellos estaba custodiado por un agente de la policía.

  • Las parejas de caballos


En ese año, el día 16, se efectuó por la mañana en el jardín, una representación en vivo, de un cuadro en que aparecía el Padre Hidalgo recostado en una cama y de pie, por un lado de él, aparecía la Virgen de Guadalupe, que le colocaba las manos sobre el pecho y le decía: “Levántate Hidalgo, para tí será la victoria”. Seguidamente se veía que el héroe se incorporaba y pronunciaba palabras de ánimo y valentía.

Ese mismo día, como en años anteriores, por la mañana tuvo lugar un desfile en el que participaron los niños de la escuela existente en esa época, muchos jinetes y pueblo en general. Al final del desfile, iba una carreta tirada por una bestia, adornada con palapas y motivos patrios, en la que se llevaba un barril de madera, de los que se usaban en aquellos tiempos para la venta de agua de bebida a domicilio, lleno de ponche, provisto de una llave o grifo, y unas personas desde la carreta, se encargaban de repartir en jarros, el ponche de granada a las personas que lo solicitaban, en forma gratuita.

El desfile comenzaba en el costado oriente del jardín, seguía al norte por la calle Independencia, hoy 18 de Julio y al llegar a lo que ahora es la esquina de 18 de Julio y Abasolo, doblaba hacia el poniente, hasta llegar a la calle Medellín y terminaba frente a la presidencia municipal.

Para premiar a los vencedores de los diversos eventos programados, se nombraban reinas a varias agraciadas jovencitas de la localidad.

Después del desfile había una competencia que se llevaba a cabo en una calle adyacente al jardín, de las que estaban sin empedrar, que era un concurso de ensartar argollas a caballo y que consistía en que se colocaba una soga atravesada, a una altura un poco mayor que la cabeza de un hombre montado. Se colgaban en la soga varias argollas sostenidas por cordones frágiles. Varios jinetes, por turno, emprendían veloz carrera desde unos metros antes del lugar en que se encontraba la soga, llevando en la mano derecha un pequeño y delgado trozo de madera y al llegar al sitio en donde pendían las argollas, el jinete levantaba la mano tratando de ensartar una argolla en plena carrera. Los jinetes que lograban atravesar una argolla, se hacían merecedores de ser premiados por su destreza. Él o los triunfadores, se acercaban al palco de honor y la reina nombrada para ese evento, le imponía una banda de tela satinada, de color rojo, cruzando el pecho.

Un evento que se realizaba el día 16, después del desfile, y que llamaba mucho la atención, era el de las parejas de caballos. Tenía lugar en la calle llamada de las parejas, que corresponde a lo que hoy es la calle 18 de Marzo y su continuación, la calle Javier Mina. Esa era la última calle del pueblo en la orilla poniente. Plana, pareja, ancha, arenosa, resultaba apropiada para esa competencia.

La emoción de ese torneo atraía mucho público. Se acostumbraba en la antigüedad, pactar las carreras en varas, medida de longitud equivalente a 83.8 cms. El arreglo era a diferentes distancias según las características de los caballos: 150, 200, 250 o 300 varas. Los jinetes triunfadores se hacían acreedores a ser premiados por la reina, en igual forma que los ensartadores de argollas.

Por la tarde del día 16, había jaripeo que se verificaba en los lugares acostumbrados durante las fiestas taurinas que tenían lugar con motivo del Novenario de la Virgen de la Candelaria. Estos lugares eran, a principios del presente siglo, en el potrero del Cahuilotal, perteneciente a Paso del Río, y que estaba al final de lo que hoy es la calle Libertad, en la orilla poniente del poblado. Más tarde, en El Ranchito, de Don Bartolo Núñez, que estaba ubicado en lo que hoy es el Crucero de Pascuales. Posteriormente también hubo jaripeos para esa fecha, en un potrero situado frente a lo que actualmente es la Escuela Secundaria Num. 1, “Torres Quintero”. Un tiempo después, esa fiesta taurina se efectuó durante varios años en los corrales del rancho de la Cofradía, perteneciente a Paso del Río y que se encontraba cerca de lo que fue el campo de aviación.

En las calles próximas al jardín se verificaban otros eventos. Uno de ellos era la carrera de encostalados, un concurso chusco que consistía en que varios concursantes se introducían cada uno en un costal estando de pie y sujetando la boca del mismo con las manos a la altura de la cintura. A una orden de salida, emprendían la carrera a saltos y el que llegaba primero a la meta, recibía el premio por parte de la reina.

Al caer la tarde, había puerco ensebado. Un cerdo de los llamados pelados, de mediano tamaño, era embadurnado de sebo y se le soltaba. El asistente del público presente que lograra sujetarlo, se quedaba con él.

También había palo ensebado. Se enterraba en una bocacalle un poste de madera de 4 o 5 metros de altura, al que se cubría de grasa animal y en su parte alta se colgaban diversas prendas de vestir: pantalones, camisa, calzado. El concursante que lograra escalar sin ayuda y llegara a la punta del poste, era dueño de esas prendas.

Por la noche había fuegos artificiales, como buscapies, toritos, castillo, cohetes y los llamados cohetes corredores, que consistían en que se tendía un cable del curato al volantín que existía para sacar agua de la noria del jardín y allí se colocaban los cohetes que corrían encendidos a través del cable, produciendo un espectáculo llamativo.

Había paseos de los jóvenes por el jardín, con música, confetis, serpentinas, entusiasmo y alegría.

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