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A fines del siglo pasado y a principios del actual, antes de la aparición del reparto ejidal, en el Valle de Tecomán la propiedad rústica estaba representada por las grandes haciendas como eran El Rosario y Guaracha en lo que hoy es Madrid, Caleras, Tecolapa, Paso del Río que posteriormente se llamó Periquillo, El Casco, Alcuzahue, Callejones y hacienda de Apiza y por importantes ranchos con grandes extensiones de terreno, así como fracciones menores.


En el oriente del valle existían los lotes del Reparto Indígena de Ixtlahuacán, enclavados en terrenos que pertenecieron a este Municipio antes de ser adjudicados a Tecomán y que posteriormente fueron siendo adquiridos por personas ajenas a esa comunidad indígena, así como propiedades particulares que por la cercanía del río Coahuayana, pudieron desarrollar una agricultura floreciente como fue el caso de Callejones de Don Francisco Moctezuma, Chiquihuistlán, las de Don Carlos Solís, de Don Juan Luna y Don Juan Ortega, así como el rancho Los Mezcales y en fechas posteriores la Hacienda de Apiza del Coronel Jesús Otero Pablos, situada en la margen poniente del río, y que había sido propiedad de Don Juan Parker.


Antes del reparto agrario, Don Luis Brizuela poseyó por ese rumbo, pero más cerca de Tecomán, los ranchos El Ahijadero, El Palo Cahuite y El Chococo, con grandes extensiones territoriales. El Ahijadero y El Palo Cahuite posteriormente fueron de Don Nazario Arreguín que también fue propietario de los terrenos de Amela.


Hacia el centro del Valle, siempre al oriente del pueblo de Tecomán, estaban situados los terrenos de Juan y cultivados siempre por su hermano Don Antonio García Barragán.


En las cercanías, pero con rumbo a la cadena montañosa, estaban las propiedades del rancho Camichines, de Gabino Moctezuma y el Chical. En sentido opuesto, con rumbo al mar estuvo una propiedad de Carpio Celestino, que pasó a manos de Pedro Virgen Arias. Por las cercanías, próximo al mar, el rancho Chanilama.


Don Juan López fue propietario de grandes extensiones de tierra que comprendían casi desde la orilla el pueblo de Tecomán por el lado oriente, hasta la laguna de Alcuzahue, incluyendo los terrenos que la rodeaban así como las tierras en donde actualmente se asienta Cofradía de Morelos, el rancho la Zompaslera que posteriormente fue de Benjamín Novela y el rancho la Cuarta que fue adquirido por el Gral. José Aguilar Tamayo.

Colindando con las propiedades de Don Juan López, tuvo grandes extensiones Don Serapio Montes de Oca.


Los terrenos de la laguna de Alcuzahue pasaron en fecha posterior a ser propiedad de Don Enrique Schondube y eran administrados por Don Rodolfo Baumach. Don Pedro Gutiérrez fue propietario del rancho La Providencia, que colindaba con las propiedades de Don Enrique Schondube.


Don José F. Barreto, de la ciudad de Colima, tuvo en propiedad importantes extensiones de terreno que fueron administradas por Don Prisciliano Zepeda y que formaron en conjunto lo que después fueron los ranchos San Miguel, El Hormiguero, La Carimacha y el Ave María que fueron adquiridos por Don Marciano Cabrera, Don Alfonso Herrera y Doña Juanita Ramos de Márquez.


En las cercanías de estas propiedades, existían los ranchos la Quinta, de Pedro Pedraza y el que fue propiedad de Don Aniceto Cabrera. Cerca de la laguna de Alcuzahue estaba el rancho Chalipa y más al oriente Chanchopa y Plan del Zapote, que fue propiedad de la familia Ochoa Gutiérrez.


Don Adán Orozco fue propietario del rancho La Parota. Don Guadalupe Salazar tenía en propiedad terrenos cercanos al panteón viejo. Don Plácido García fue propietario del rancho del Chahuil, que después fue de Don Jesús de la Torre. Era propiedad de Don José Morett el rancho que después se le llamó de la V.


Hacia el norte de la población de Tecomán, lindando con Valenzuela, que pertenecía a la Hacienda de Caleras, Don Herculano Alcaraz era propietario del rancho San Angel. Frente a esta propiedad, callejón de por medio, estaba el rancho San Antonio, que era pertenencia de la familia Novela, cuyas últimas representantes como propietarias fueron las hermanas Silveria y Margarita de ese apellido. Esta propiedad cuando cambió de dueño se llamó Rancho Nuevo. Hacia el poniente de estos terrenos, estaba San Pedrito, de Don Pedro Gutiérrez y el rancho que pertenecía a Don Guadalupe Hernández. Desde el límite poniente de estos terrenos hasta el río Armería, se extendía el llamado Llano de San Bartolo, perteneciente a la comunidad indígena del mismo nombre y que después pasó a manos del general Angel Martínez, formando parte de las Haciendas de El Casco y Paso del Río y que exceptuando la finca de la hacienda de El Casco, pasaron a ser propiedades de Don Stephano Gherzi.


En los linderos del poblado, al norte, estaba la propiedad de Don Higinio Yépez, que posteriormente fue de Don José Morett y más al norte, con rumbo a San Angel, El Ave María de Doña Juanita Ramos de Márquez.


Al sur de la población estaba el rancho San José de Don Calixtro Alvarez que después fue de sus hijos J. Guadalupe y Ma. de Jesús. Un poco hacia el sur, estaba la ya mencionada Zompaslera de Don Juan López, El Naranjo y la propiedad de Don Eusebio Avila. La Palmita de Don Antonio García Barragán, La Máquina y la Resolana. Tecuanillo, lindando con el mar. Cercanos al Naranjo estaban El Cóbano y la propiedad de Don José Pandelo Gómez.


En la orilla poniente de la población estaban los terrenos del Pozo de Camichines de la Hacienda de Paso del Río.


En la orilla sur-oeste en donde actualmente están situados la vivienda popular y el parque González Lugo, estuvo una propiedad de Don Juan Meceira que después fue de Don Bartolo Núñez, posteriormente de Don Benjamín Novela y en forma ulterior de Don Francisco Dueñas Radillo.


El Metate fue una propiedad indígena situada en las cercanías de la anterior que en forma posterior fue una pertenencia de Don Francisco Avalos. Con rumbo al mar, los predios que formaban parte de Las Guásimas y Las Mercedes. La Puerta Blanca de Doña Isaura Vidriales.


Con rumbo a la Boca de Pascuales estaban los terrenos de Las Cuatas, que pertenecían a la Hacienda de El Casco. La Gloria y Santa Gertrudis fueron tierras propiedad de indígenas que fueron adquiridas por Don J. Refugio Sevilla.


Las Humedades y El Amial de Don Ignacio Michel fueron después de sus hijos y posteriormente de Don Ladislao Moreno Barreto.


Los Asmolitos era un terreno propiedad de Don Eleuterio Gómez que se encontraba muy cercano al mar y que después fue propiedad de su hijo Don Jesús Gómez Silva.


Los aquí mencionados y muchos más antecedieron en la lucha, a los actuales productores en el Valle de Tecomán, para obtener de la tierra sus generosos frutos.

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