FANDOM


Visión satánica Editar

Archivo:Visión Satánica.jpg

La Hacienda de El Rosario, hoy Madrid, tuvo su esplendor en los últimos años del Porfiriato, tiem-pos que antecedieron a la lucha revolucionaria. 

Era el casco de la hacienda una construcción es-paciosa, de madera y teja de barro, en cuadro, con grandes corredores. Allí se dirigían los tra-bajos agrícolas y ganaderos de gran cuantía que se desarrollaban en esa época en aquella impor-tante propiedad. En ellos participaban tanto tra-bajadores que habitaban con sus familias en una docena de casas de zacate que existían cercanas a la finca, como otros provenientes del sur de Ja-lisco, que laboraban en forma temporal en tiem-po de cosechas y que se alojaban dentro de la casa grande. Estaba por fuera de la gran finca, hacia el lado poniente, una pila redonda de grandes dimensio-nes, de donde se abastecían de agua las familias que ocupaban las chozas. En el lado sur de la construcción principal, había un dilatado corral de ordeña, con una puerta de golpe de gran tamaño y en el fondo, unas porquerizas.

Como en ese tiempo no existía luz eléctrica, la finca y la ranchería entraban en calma cuando llegaba la agonía del día bajo la opresión victo-riosa de la noche. 

Existía, instalado en la parte alta y posterior de la casa, un riel que se golpeaba a las 8 de la no-che en un toque al que llamaban "la queda", con el cual se llamaba a los trabajadores que se en-contraban en las afueras para que se recogieran, ya que a esa hora se cerraba el zaguán. Vivían eli el edificio de la hacienda, el adminis-trador, el rayador, y sus familias, así como la ser-vidumbre de la finca. Los hechos que se relatan enseguida, sucedieron en ese lugar en aquel entonces. Al dar el toque de queda y cerrarse el portón, no alcanzó a llegar a tiempo uno de los trabajadores que allí se alojaban llamado Jerónimo Llamas, muchacho de 20 años, originario de Tuxpan, que se había alejado un poco con rumbo a la estación del tren a conversar con una muchacha con la que llevaba amistad. Cerca del portón se hallaba una tienda y fuera de ésta había unas bancas de madera. Como encontró cerrado el acceso a la casa, el jo-ven se recostó en una de las bancas con la inten-ción de pasar la noche en ese lugar. 

Habitaba en la finca una hija del administrador llamada Guadalupe, señorita de 18 a 20 años de edad, muy bondadosa y de gran diligencia en la atención de los asuntos de la hacienda, que fue avisada a las primeras luces del día, que Jeróni-mo se encontraba inconsciente, tendido en el piso, cerca de la puerta de golpe del corral. Ella se diri-gió al lugar y auxiliada por unos trabajadores, transportaron al interior de la casa al muchacho, que una vez que hubo sido reanimado, recuperó la conciencia y pudo narrar lo que le había suce-dido. 

Contó que, estando dormido en la banca de ma-dera, a una hora que él calculó la media noche, sintió que lo movían de un hombro y al despertar, en la penumbra del corredor, en una noche muy clara, con abundante luz lunar, pudo ver que un hombre de elevada estatura, vestido todo de ne-gro, con un elegante traje de charro, que estaba al lado de un colosal caballo, de color encendido, casi negro, le hablaba y le pedía que le ayudara a arrear hacia el corral a un gran hato de ganado mayor que se veía a distancia en la pedregosa explanada que había afuera del corral. Al incorporarse vio que la mirada de aquel hom-bre era penetrante y luminosa como la de un ave de rapiña. Sintiendo un temor interior, le comu-nicó que se encargaría de abrir la puerta del co-rral entre tanto él arreaba el ganado.

Mientras se calzaba los huaraches, pudo obser-var que el misterioso jinete montó y se retiró al galope hacia la parte posterior de la mancha de ganado y bajo el centellear de las estrellas y la claridad dada por la luna, miró cómo el caballo piafaba, golpeteando el suelo, mientras su jinete hacía sonar un cuerno de manera triste y prolon-gada. Se escuchaba el tintineo de las relucientes espuelas y refulgían la argentífera botonadura del traje y los recamados bordados de la cantina. El imponente animal, obedeciendo ciegamente las riendas, dibujaba corvetas y con sus movimien-tos hacía brillar los plateados chapetones de las cabezadas. Dos puntos ígneos señalaban el lugar de su mirada y la espuma de sus belfos reflejaba la luz de la luna. 

Hubo un momento en que al cortarse un grupo de animales del resto de la manada, el caballo dio un descomunal salto atajando a los escapados. El muchacho se dirigió a la puerta de golpe, escu-chando el intenso bramido de los cientos de cabe-zas de ganado y viendo los movimientos del jine-te que sobre el caballo estimulaba al rebaño para que penetrara al corral. Jerónimo abrió la puerta, volvió la cabeza y vio acercarse a los animales, pero al llegar los pri-meros a donde él se encontraba, ante su vista, todo desapareció. No quedó ninguna res, ni el caballo, ni el jinete. Ningún rumor, todo en calma, en com-pleta quietud. 

Fue tan impresionante aquella desaparición re-pentina, que perdió el conocimiento. Quedó des-fallecido en ese lugar hasta que fue visto al ama-necer por los trabajadores que dieron aviso a la señorita Lupe, que fue a quien le relató todo lo aquí escrito. Después de su relato volvió a quedar inconscien-te y fue trasladado durante la mañana, en ferro-carril a la ciudad de Colima para recibir aten-ción médica. Al llegar a su destino, falleció. A partir de aquel suceso, los habitantes del lugar escuchaban por las noches en las proximidades de sus casas, el galope y el relincho de una bestia, el sostenido tintineo de las rodajas de unas es-puelas, bramidos de animales y el sonido de un cuerno. Se propalaron los rumores de que el dia-blo se había apoderado del rancho. Ellos atribuían como causa de lo que considera-ban un castigo de Dios, el hecho de que cuando existía la primitiva capilla de la hacienda, el an-tiguo propietario de la finca estaba enamorado de una jovencita aldeana que acudía al templo, y un día al salir de sus oraciones, la raptó y la obli-gó a que se le entregara. Poco tiempo después la capilla fue destruida por un terremoto y comen-zaron a suceder los extraños fenómenos noctur-nos, que se prolongaron, según la versión de la gente, hasta que muchos años después, un grupo de sacerdotes misioneros arribaron a la hacien-da y plantaron una gran cruz de madera en lacima de un pequeño cerro situado al norte de la gran estancia, que todavía existe, recibiendo la veneración de los actuales habitantes, y al dar nueva vida a la fe de los moradores de la ranche-ría, al poco tiempo dejaron de escucharse los rui-dos durante las noches y volvieron la paz y la tran-quilidad al rancho.

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

También en FANDOM

Wiki al azar